Lengua oral y lengua escrita. Nuevas prácticas electrónicas

La teoría del texto, en sus albores, presentó la misma deficiencia. Comenzó a trabajar una lingüística del texto y poco, o casi nada, sobre la lingüística del discurso (realización individual del texto).
Con el transcurrir del tiempo, sin embargo, se advirtió oportunamente el error, se corrigió el rumbo, y la pragmática y la sociolingüística establecieron el puente entre el nivel textual y el nivel discursivo. Sostienen las dos disciplinas que el andamiaje de cualquier gramática no ha de cimentarse sobre meras intuiciones muchas veces ideales, sino en hechos y observaciones que demuestren clarividentemente el uso verdadero y real de una lengua, manifestada en última instancia por los actos de habla —unidades comunicativas mínimas— que han de reflejar el modo como el hablante hace uso de su lengua.

Jaime Bernal Leongómez.

En torno a la lingüística textual, 1985.

A pesar de la dirección que toma la lingüística durante el siglo XX hacia la pragmática, la lengua escrita, aunque la tengamos tan automatizada en nuestra cotidianidad personal y social, no es natural. De las cerca de 7000 lenguas que se hablan en el mundo solo unas pocas pueden ser escritas y aún éstas se escriben desde hace relativamente pocos años en la historia de la humanidad (la escritura nace en mesopotamia al rededor del año 3000 a.C). Mientras que la lengua es consustancial a la raza humana, porque no puede haber humanidad sin lengua que sirva a la comunicación, la escritura es totalmente secundaria. La escritura ni siquiera se identifica con el lenguaje; son cosas distintas. Hemos de pensar en la escritura como piensa un pintor naturalista la pintura: como una serie de trucos, de técnica y de habilidades adquiridas a través de los cuales podemos generar la ilusión de realidad (icónica en el caso de la pintura, lingüística en el caso de la escritura). Hemos de pensar que si los textos que escribimos nos recuerdan tanto al lenguaje que hablamos, es porque somos muy buenos pintores (escritores), ya que llevamos toda la vida haciéndolo. Pero alguien a quien se le dé bien la pintura desde niño y la practique a menudo, aunque pueda llegar a pintar bastante bien, nunca llegará a las cotas más elevadas de la pintura realista si no es mediante el estudio de técnicas y recursos, como la perspectiva que en sí misma poco o nada tiene que ver con la intuición.
Nosotros ahora somos esos pintores amateurs, que pintan con gracia y cierto realismo, pero tenemos que aprender algunas reglas para poder pintar con la solidez de una persona ilustrada.

Eliminemos de nuestros escritos todo rasgo de oralidad porque resultará infantil y poco creíble pero nunca natural. Para hacer que un texto quede natural y espontáneo, como en la pintura, hay que aplicar muchas técnicas y recursos poco intuitivos. Cuando se ha conseguido esto, entonces se puede hacer como Picasso y romper con los convencionalismos.

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